Cojo el ascensor de mi oficina en la planta quinta. Alguien lo para en la tercera. Se sube una chica a la que no conozco de nada.
Ella: Aquí huele a bollo.
Yo: ¿Cómo dices?
Ella: Sí, que aquí huele a bollo. No sé..., como a pastelería. ¿No lo notas?
Yo: Pues no... Bueno, como no sea mi colonia. Es de vainilla.
Ella: Espera, a ver.
Se acerca a mi cuello. Mucho. Mete su nariz literalmente en mi cuello. Si en ese momento hubiera entrado alguien hubiera pensado algo raro.
Ella: Joder tía, ¡qué bien huele!
El ascensor llega a la planta baja. Ella se va corriendo.
Reflexiono mientras me río: En muchas ocasiones me han llamado dulce. ¡¡¡Pero bollo!!!
Yo soy de esos que persiguen olores ...
ResponderEliminaryo también
ResponderEliminarIgual era un juego de palabras...
ResponderEliminarel caso es que no le falta técnica a la paya. No me la apunto pero la tendré en cuenta.
Nunca se sabe... hay trenes que no pasan dos veces -me dijo mi papá.
Hay ascensores también.
Hay ascensores.
Ay.
Me encantan los olores... dicen mucho de las personas.
ResponderEliminarBueno a mi me molestaba mucho que me dijeran que era muy dulce cuando hubo un periodo de mi vida en que tenía diabetes.
ResponderEliminarY va totalmente en serio...