Hola, me llamo Verdadosa, soy un blog y hoy cumplo dos años.
Aunque normalmente estoy sometida al dictado de mi dueña
(¿se llama dueño a quien escribe el blog?), hoy me he escapado, y aprovechando un pequeño despiste, voy a ocupar su lugar.
Podría ejercer la rebeldía para decir todo lo que no me gusta de ella..., pero tampoco me voy a quejar demasiado. En el fondo, me trata con cariño, me mima y me tiene la mar de
resalá. Aunque no siempre estemos de acuerdo en todo.
Ahora la veo bien. Creo que está en uno de sus mejores momentos (al menos, durante estos dos años en los que la conozco), pero reconozco que me ha traído por la calle de la amargura a lo largo de estos últimos meses: que si me siento sola, que si estoy triste, que si quiero decir esto, que si ahora lo otro, que me gusta compartirlo con quien no me conoce, que estoy harta de tanta mentira... Y claro, ¡todo esto a mí!, sin pensar siquiera si yo podía sufrir con tanta sensibilidad a flor de piel o sintiéndome incapaz de poder ayudar.
Luego está el temita del nombre. Verdadosa. Original sí, pero no se lo inventó ella. Se lo inventó un amigo suyo. Cuando ella le llamaba mentiroso (al oído, claro. Y siempre entre susurros y con una sonrisa de oreja a oreja). Él siempre le replicaba verdadosa. Y yo, para mis adentros, pensaba que rimaba con Dani Pedrosa.
Lo de lunarroja tampoco es para tirar cohetes. Un poco cursi. Ligero. Nada pretencioso. Por lo que sé, tampoco significa mucho. Le gusta la luna y el rojo es su color. Era el nick con el que jugaba a un juego por internet. Esa es toda la historia. No hay otra.
Y yo aquí, testigo mudo de los setecientos y pico días frente a esta mujer que se considera valiente pero que quizá no lo sea tanto; cabezota y constante como ella sola; impaciente aunque yo sé que es capaz de esperar hasta el infinito; dulce y tierna; fuerte; un poquito rara; con mucho carácter; seductora más que coqueta, como a ella le gusta decir; intransigente, demasiado intensa... ¡Tantas cosas! Creo conocerla bien. Quizá me esté equivocando en algo. Nunca se acaba de conocer a las personas que tenemos delante...
Dos años mirándonos frente a frente. Casi siempre por la noche, cuando las guardias comienzan a bajarse. El día es más para disfrutar con los comentarios, que en eso no sé si me gana ella o salgo triunfadora yo.
Recuerdo que casi se desmaya, al principio de esta andadura común, cuando vio que dos de sus
héroes en esto del mundo del blog habían dejado sendos comentarios. La ya desaparecida
chicaconfaldaroja, uno de sus primeros descubrimientos. Y su querido
coco, a quien sigue leyendo y devorando cada día porque lo considera inconmensurable, culpable casi siempre de unas de sus primeras sonrisas al día.
A mi dueña le gusta escribir, sí. Pero en esto del blog en realidad es una auténtica paleta. No hace falta más que ver mi página. Que ya podía currársela un poquito más. Me muero de envidia al ver a muchos de mis vecinos, tan monos ellos. ¡Y yo tan austera! Que ni links tengo porque la pobre no llega ni a eso. Dice que no tiene tiempo, que nunca encuentra el momento... No sé, pero no termino de creeérmelo. En cualquier caso, doy buena fe de que hay varias docenas de vecinos a los que acude a diario.
Las dos hemos hecho amigos a lo largo de estos dos últimos años. Una más que otra, todo hay que decirlo. Personalmente, yo me siento muy a gusto con todos los que pasáis por aquí prácticamente cada día. Y quería agradecéroslo. En mi nombre y en el suyo.
También quería recordar (esto es mío, no suyo) a los que pasaron por aquí y no volvieron. Por distintas causas. Ellos sabrán. A los que dejaron de comentar pero siguen mirando. También me gustan. Me siguen gustando. A los que nunca comentaron. A los que miran de reojo. Incluso a los que se asomaron cuando nadie les dijo mírame.
Hay historias entre estas líneas para no dormir, para dormir como un lirón, para reír, para llorar. Algunas divertidas, otras más aburridas. Unas provocativas, otras fáciles y recurrentes, que de éstas también me ha regalado unas cuantas.
Pero supongo que así es la vida... y yo, que soy un blog no tengo muchas razones para quejarme. A fin de cuentas, somos todos unos
reciénnacidos.Pues eso, que hoy cumplo dos años.
Y que por una vez,
ella me ha dejado hablar.