Soy una ferviente defensora de la amistad entre un hombre y una mujer. Para ello, únicamente se debe cumplir un pequeño detalle: que las dos partes tengan muy claro que nunca cruzarán ese pequeño límite que siempre existe entre un hombre y una mujer. Cuando eso pasa, esa amistad es maravillosa.
Cuando pensé en dedicarte un post, tenía muy claras dos cosas:
- Que debía ser sencillo, porque luego dices que no me entiendes lo que escribo.
- Y que debía salir directamente del corazón.
Por eso, no daré demasiadas vueltas para decirte que una de las mejores cosas que me han pasado es 2007 ha sido conocerte, y que espero que en 2008 y en todos los que vengan detrás podamos compartir muchas cosas.
Una amistad nace de muchas cosas. La nuestra lo hizo de miradas, de sonrisas, de tímidas palabras... De ahí a confidencias mojadas hasta altas horas de la madrugada, de secretos que no lo eran tanto, de tu absoluta fidelidad a tus amigos, de tartas de chocolate, de piropos al aire, de tus verdades, de las mías...
Tú no lo sabes, pero me das mucho con muy poco. No sé si te lo crees, pero me robaste un trozo de mi alma aquel día que volviste a por mí, a por nosotras. Nunca ver a alguien me hizo tanta ilusión. Convertiste una noche de buena en maravillosa. Y nunca tendré palabras para agradecertelo. Me cuidaste, me protegiste, me dijiste sin palabras "¿dónde podría estar mejor?", y con palabras me dijiste "¿dónde voy a estar mejor?". Gracias. Aquel día supe que estaba ante un amigo de verdad.
Un día te llamé ONG. De la buena gente. De los que acuden cuando se les pide un favor. Y allí estabas. No era para mí, pero como si lo fuera. Tampoco lo olvidaré.
Curiosamente, eres la única persona en el mundo que me llama cosas que jamás nadie me ha dicho:
Quinceañera, cosa que no me viene nada mal dada mi tendencia a una madurez excesiva que me hace sentirme una vieja prematura en muchas ocasiones; y
masculina, que me sorprende y me hace sonreír aún más ya que si fuera icono de algo creo que podría serlo de la feminidad.
"Pero si encima juegas al padel como un tío", te escuchaba ayer. Ya sabes que a ti te lo permito todo. Y sí, me lo miraré.
Por tu discreción absoluta,
por tu "jamás me sacarás nada",
por ese "guapa" cuando los demás callan,
por sonreírme siempre,
por tu sinceridad,
por preferir a las chicas,
por tu originalidad cuando aparcas donde nadie lo hace,
por las ganas que me tienes en la pista,
porque sí.
Porque te lo mereces,
porque nos une mucho más de lo que nos separa,
porque no entiendes lo que escribo pero me lees,
porque compartimos algo muy especial.
Por ti, D.