Excepto durante mi época escolar, siempre me ha gustado que llegara Septiembre.
Trabajando en medios de comunicación (especialmente radio y tele) enseguida aprendes que el año empieza más que en Enero, en Septimbre. Es el mes en el que se descubren las nuevas temporadas, fichajes, estrellas, cambios de programación, etc. etc. etc. Durante los más de diez años que trabajé en la radio viví aquellos septiembres con ganas, ilusión y mucho optimismo.
Era el momento en el que se descubría todo lo nuevo, lo que habías ideado con tanto cariño durante los meses de vacaciones, saber si iba a gustar o no, si se aceptaban los nuevos cambios o no... Sí, era un mes apasionante.
Al margen de aquellos estrenos, siempre me gustó Septiembre porque significaba volver un poco a la normalidad. Y a mí, mi normalidad nunca me ha disgustado.
Pero reconozco que desde hace unos años (y no sólo porque me haya alejado de los medios) me gustaría aferrarme a los meses de Julio y Agosto. Que la llegada del 1 de Septiembre me llena de nostalgia y melancolía por lo recién vivido.
Hoy pienso en lo breve de las vacaciones por largas que sean, en la felicidad que me dió el Egeo, en todo lo que soñé hace pocos días y sin embargo siento ya tan lejos, en lo largo que es el invierno..., en la vuelta al mundo real.
Por eso en noches como éstas lo mejor es recordar que Septiembre fue, hace algunos años, uno de mis meses preferidos.