Es peligroso enamorarse de unas palabras,
es un error enamorarse de una mirada.
Es un absurdo enamorarse de una boca,
es una fantasía enamorarse de su piel.
Es desasosegante enamorarse de lo que no me dicen tus manos,
es un delito enamorarse de sus ausencias,
es un castigo enamorarse de lo que deseo.
Es verdad.
Es peligroso, absurdo, desasosegante.
Es un error. Un absurdo. Un delito. Un castigo.
También una fantasía.
Pero eso ocurre.
¿Y por qué evitarlo?