Desde que M. me lo contó, no dejo de mirar a los taxis. Bueno, en realidad a los taxistas. Y oye, que no doy con ninguno como él.Pudo suceder así:
Taxista: ¿A dónde señorita?
M: Al séptimo cielo.
T: ¿Por dónde vamos: por el centro o por la M-30?
M: Hombre, usted sabrá, que es el profesional.
T: Ya, se lo digo por las obras de la M-30. Que igual me paso la salida y acabamos cogiendo la del infierno.
M: Me han dicho que esa salida está cortada. Ya sabe como es el Sr. Gallardón, que cierra todo lo que no le conviene.
T: Entonces, tendrá que fiarse de mí señorita.
M: Además, yo creía que el infierno no existía.
T: En su vida sólo existe el cielo. Y está reflejado en sus ojos.
M: Oiga, pare por favor. Que va usted a conseguir que me sonroje.
T: Luego dicen que los taxistas somos unos groseros.
M: Pues tendremos que ir cambiando de opinión.
T: Estamos llegando señorita... No se creerá usted que me da mucha pena que se baje.
M: Igual le hace un paseo por el sexto cielo... antes de llegar al séptimo.
T: Acepto... Por cierto, ¿en metálico o con tarjeta? Ha tenido usted mucha suerte de coger un taxi de lo mejorcito y lo más moderno que hay por la ciudad.
M: En metálico.
T: Son 9 euros con 50.
Desde que M. me lo contó, no dejo de mirar a los taxistas a ver si me encuentro uno como el suyo. ¿Cuál ha sido tu experiencia más divertida con uno de ellos?
Mi vida está últimamente llena de experiencias divertidas con un "empresario del sector transportes".
ResponderEliminarY espero que siga así
Ya llegará el momento de vivir otras experiencias no tan divertidas. O no. Puede ser que nunca se apague nuestro "taximetro"