Regla número 1 de las amigas:
Jamás te fijes en el hombre que le gusta a una amiga tuya. Jamás.
Eso incluye no tontear, no querer ser protagonista, no tocarle, no ponerle caritas. No acosarle.
Ayer, sin quererlo, asistí perpleja a un acontecimiento de este tipo.
En ocasiones soy demasiado ácida con el género masculino, pero hoy no tengo más remedio que serlo con el femenino.
¿Dónde está la integridad?
Ser mujer incluye muchas cosas. Y últimamente veo actitudes que sin ningún género de dudas, son criticables.
Tengo asumido que ser mujer soltera en esta época es difícil. Si lo das todo, mal pero si te lo quedas, peor. Si vas muy rápido, eres algo ligera y si vas muy lento, una estrecha. Si esperas que te llamen, demasiado clásica. Si llamas tú, demasiado directa. Si haces que te importa, probablemente no consigas nada, pero si haces que no te importa, te estás haciendo la interesante.
Reconozco que andamos algo perdidas últimamente. En nuestra actitud con los hombres. Es malo generalizar, pero lo llevo viendo con bastante frecuencia, para qué negarlo. Pero el colmo es que una mujer intente quitarle el novio, ligue, futurible, presunta ilusión o lo que sea a su amiga. Teniendo amigas así, no es necesiario tener enemigas.
Me gustan mucho las mujeres firmes, las que saben lo que quieren y hasta dónde quieren llegar. Pero sobre todo, las que llegan a ese lugar sin pisar a otras mujeres, sin hacer daño a nadie, sin quedarse lo que no es suyo. Las que respetan a sus amigas y sobre todo se respetan a sí mismas.
La verdad es que estoy sorprendida. Hoy tengo la tarde escéptica en cuanto a relaciones se refiere (e incluyo todas). Y es que hay cosas que no me gustan...
Y además, no las tolero.
domingo, marzo 15, 2009
Nosotras
jueves, marzo 12, 2009
¿Acto involuntario?
Este post nace del interesante debate que se ha creado en los comentarios del anterior. A raíz de la frase del rímel de la MacLaine, y de las lágrimas que conlleva el enamorarse de un hombre casado (valdría igual con una mujer casada), el tema es si enamorarse es un acto cien por cien involuntario.
¿Por qué nos enamoramos de personas comprometidas?
¿Por qué lo hacemos de personas que no nos convienen?
¿Sería eso evitable?
¿Ese amor surge porque la persona libre lo inicia o es realmente la persona comprometida la que primero lanza el anzuelo?
¿De verdad manda la cabeza sobre el corazón en cuestiones de enamoramientos?
Sin pensarlo demasiado, yo diría que enamorarse es un acto involuntario. Mejor dicho, enamorarse de determinadas personas. Hay veces que simplemente... ocurre, y ni tú misma sabes por qué. Y cuanto más esfuerzo pones en que no, antes acaba en un sí.
Quizá de ahí el enamorarnos de personas equivocadas. ¿A quién no le ha pasado?
Claro que si me paro a pensarlo, y a mis treintaymuchos, sé que para enamorarse bien también actúa la voluntad: la buena. Y que hay veces en que hay que fiarse de la buena voluntad, y poner nuestra cabeza en la balanza.
Ahora bien, enamorarse de personas casadas o comprometidas... No creo que se trate de robar, ni de quitar nada a nadie. Para empezar, creo que en este tipo de relaciones quien da el primer paso es, en la mayoría de los casos, la persona con relación que está dispuesta a comenzar una nueva. La persona libre se deja seducir por la ocupada... y ahí nace el problema. Y para terminar, creo que cuando una persona ocupada se fija en otra es porque su relación anterior está como mínimo, en la UVI.
Me enamoré una vez de un hombre que por aquel entonces estaba casado. Pero... ¡¡se estaba separando!! Reconozco que fue él quien se fijó en mí. A mí no me gustan los casados, más que nada... porque uso rímel todas las mañanas, después de haberme rizado las pestañas. Curiosamente, esa relación se convirtió en una de las más importantes de mi vida, con uno de los hombres que más perdura en mi piel.
Pero también quiero incorporar otro matiz: ¿Qué pasa cuando la persona comprometida lo esconde? Las personas somos libres de enamorarnos, incluso... de quienes nos mienten. No todos jugamos las mismas normas, está claro. Y la cobardía se instala en muchas pieles que no se atreven o no quieren reconocer sus verdades. La persona libre se enamora de quien cree también libre, quien ha jugado a engañar..., hasta que se descubre el pastel. ¿Dónde queda el acto involuntario de enamorarse del que hablábamos en las primeras líneas?
Así que, llegado a este punto, creo que cada persona nos enamoramos a nuestra manera, que no tiene porque ser la misma. Ni yo misma me enamoro de la misma forma de distintas personas. Y mi forma, tiene más que ver con el corazón que con la cabeza. No me vale eso de "enamórate de ese que te conviene". Tampoco "olvídate de él que no te conviene".
Pero ahora no quiero ni casados ni comprometidos a escondidas, ni engaños ni dificultades. Quiero amores fáciles. Totalmente voluntarios. Y sobre todo, libres.
Será que me estoy haciendo mayor.
domingo, marzo 08, 2009
Mujeres
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"Ojalá que la espera no desgaste mis sueños"
(Marily Monroe)

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sábado, marzo 07, 2009
Mis emociones
jueves, marzo 05, 2009
La mujer que necesitaba los tequieros
Había una vez una niña (bueno, para qué vamos a engañarnos... una mujer) a la que le gustaba mucho que le dijeran tequiero. Y mira tú por dónde, hoy había recibido tres tequieros. De dos amigos (sin más) y de una amiga (sin más). Por vías distintas: e-mail, de viva voz en medio de una carretera, y a través del teléfono.
Y mira tú por dónde, aquella niña (ya mujer) hoy se siente feliz.
Hay quien necesita fumar, beber, jugar, drogarse...
Cada cual con sus vicios, sus obsesiones, sus necesidades.
Ella necesita querer.
Y también sentirse querida,
saberse querida.
Hoy lo sabe así.
Y sonríe.
martes, marzo 03, 2009
La media vuelta
Divertida cena a dos bandas en un restaurante mexicano.
Había mucho de qué hablar.
Mucho que contar y también mucho que escuchar.
"No sabía que comieras tanto, R."
Y allí, entre enchiladas, tacos, totopos, quesadillas y frijoles... música en directo.
Se acercan tres mariachis por las mesas.
Los clientes les piden las canciones que quieren oír.
Mi compañero de cena me dice que elija yo.
Cuando me preguntan, no tengo ninguna duda:
"La media vuelta", por favor.
domingo, marzo 01, 2009
Un cuento
"Anda tía, cuéntame un cuento... Pero de los tuyos, ¿eh?"
Y me encanta, claro.
Siempre es igual: los imagino a toda velocidad, se los cuento de la mejor manera posible, y al llegar a casa los escribo haciendo todos los cambios que considero oportuno.
Y los guardo.
Para mí, es más fácil escribir con referencias a mi realidad. Y aunque siempre tiro de imaginación y fantasía, el origen de mis historias está casi siempre relacionado con las cosas que me pasan.
Y así empiezo a tirar del hilo...
Este cuento surgió de una maravillosa pregunta que le hizo la hija de un amigo mío a su papá. Me pareció sublime, con esa sensatez aplastante de muchas de las dudas que surgen en esas cabecitas de los cuatro o cinco años:
Papá, ¿por qué las mujeres tenemos mejor cara por la noche que recién levantadas?, preguntó la pequeña Lucía.
Cinco recién cumplidos. Pocos años y mucha curiosidad. La que cada instante le llevaba a hacerse las más inverosímiles preguntas. Y de paso, hacérselas al que pillara más a mano.
Hoy le había tocado a su padre.
Los segundos se hicieron eternos. No era fácil encontrar la respuesta que pudiera convencer a esa niña de mirada de océano.
Además, lo primero que le vino a la mente no era respuesta para su hija pequeña. A sus amigos les hubiera contestado que todo depende del hombre con el que esa mujer pase la noche. Respuesta invalidada. Había que buscar otra.
Tampoco era cuestión de incordiar al recién inaugurado espíritu femenino de la pequeña, así que la respuesta de la falta de maquillaje tampoco vería la luz. Demasiado cruel para una niña de cinco años que ya le había pedido a los Reyes Magos su primera caja de maquillaje, y que aunque aún escribía con torpeza, era capaz de dibujar perfectamente sus rasgos ante el espejo con esas pinturas color pastel.
Porque no han dormido bien. Era tan simple esta respuesta que también la rechazó. Sobre todo, por incredulidad. ¿Cómo decirle a quien es capaz de dormir durante más de doce horas seguidas que eso… acaba por desaparecer con los años?
A falta de respuestas, recurrió al requiebro al que todos los padres son expertos.
Pues yo te veo igual de bonita por las noches que por las mañanas. No sé por qué dices eso, Lucía.
Se quedó pensando. En cuanto se quedó solo y tuvo un minuto, cogió su móvil para llamar a su mejor amiga. 
Hola querida. Pregunta de urgencia: ¿Tú eres de las que piensan que las mujeres tenéis mejor cara por la tarde o por la noche que recién levantadas?
Pues claro... No es muy difícil darse cuenta.
La rotundidad y la rapidez en la respuesta de su amiga le dejó de piedra. Pero había encontrado la horma de su zapato.
Y, ¿tú sabrías decirme por qué?
Pues sí, sabría... Pero no pienso decírtelo. Oía reír a su amiga. No creo que sea bueno que los hombres conozcáis todos los secretos de las mujeres. Pero, ¿sabes una cosa? Hay mañanas en las que me despierto radiante, todo depende ya no te diría tanto de dónde he pasado la noche sino de con quién... y sobre todo (seguía riendo), cómo. Y mucho me temo que la huella de la pasión no dura eternamente en mi rostro. Así que... cambio la respuesta: depende del día.
Mejor dicho, de la noche.
miércoles, febrero 25, 2009
Enamorada
Pues estoy contenta hoy.
Y es que hoy he sido capaz de enamorarme.
Ha sido breve, pero intenso.
Aproximadamente veinte segundos.
Total, ¿para qué quiero más?
De coche a coche.
Poco antes de las 10 de la mañana.
Allí parada, en el semáforo junto al Puente de Ventas.
Él me mira. Con descaro.
Yo le miro, claro. Hasta me quito las gafas de sol.
Creo que hasta le he sonreído.
Siempre he pensado que se liga mucho al volante.
Pero hay un problema de tiempo, es lo que tiene.
No hay nada perfecto.
Es un buen lugar para ligar... sin miedo a lo que viene después.
Porque no existe el después.
El semáforo se pone en verde, y cada cual... sigue su camino.
Pero esta mañana me he enamorado.
Y eso, en estos momentos, tiene mucho valor.
Por cierto, mañana volveré a estar en el mismo sitio... y a la misma hora.
Por si acaso.
lunes, febrero 23, 2009
¿Olvidado?
"Perdono, pero no olvido".
Pocas veces escucho frases tan vacías como ésta.
Al menos, para mí, lo es.
Porque me cuesta demasiado trabajo comprender que alguien es capaz de perdonar sin olvidar.
Lo he dicho en alguna ocasión: el único camino directo al perdón es, para mí, el olvido.
No me sale a cuenta perdonar pero no olvidar.
Creo que al final, genera rencor.
Y estoy convencida de que el rencor es uno de los peores sentimientos que podemos tener.
Sale caro. Demasiado.
El rencor sólo trae dolor. Y ese sentimiento tan abominable que es el odio.
Se lo oía hoy a una compañera de trabajo.
"Perdono, pero no olvido".
No tenía yo ganas de polémicas recién inaugurada la tarde.
Pero lo tenía que soltar.
Y te ha tocado a ti, Verdadosa.
Las veces que he perdonado, he tratado de olvidar.
Y creo haberlo conseguido.
No di con otra fórmula.
No digo que sea lo mejor, pero es en lo que creo.
Lo que a mí me vale.
Primero olvido, luego perdono.
Son dos esfuerzos en uno solo.
Es un tema apasionante.
Quizá, demasiado difícil para resumirlo en unas cuantas líneas.
Pero me interesan vuestras opiniones.
¿Quién empieza?
The Reader
sábado, febrero 21, 2009
Prefiero
Prefiero una bofetada a una mentira,
estar aburrida que estar triste.
Prefiero estar sola que mal acompañada,
prefiero que no me llames a que me utilices.
Prefiero sentir a no amar,
ser valiente mejor que cobarde,
arriesgarme antes que dejar pasar.
Prefiero vivir que imaginar,
soñar que dudar,
prefiero ser alma que cuerpo,
tu ausencia a tu indiferencia,
mi sonrisa antes que la tuya.
Prefiero ser libre que vivir atada,
que me olvides a que me destruyas,
prefiero decir adiós antes que desaparecer,
mis verdades a tus mentiras,
mis ganas a tus desganas.
Prefiero ser que estar,
querer que odiar,
mirar hacia delante antes que atrás.
Prefiero encontrar antes que buscar.
Prefiero el rocío antes que la lluvia,
la luna llena mejor que nueva,
lo bueno por conocer antes que lo malo conocido.
Hoy, prefiero irme que quedarme.
Callarme antes que hablar.
Decirte hasta siempre que hasta nunca.
Prefiero llorar por mí que por ti.
Sí, hoy prefiero seguir.
Entérate, porque hoy no te prefiero a ti.
jueves, febrero 19, 2009
Nunca llegó
Se había estado embadurnado todo el cuerpo de aceite de coco. Sin prisa, como hacía cada día que quería sorprenderle. Había tardado segundo y medio en elegir ese aceite, ese olor, ese frasco. Porque era su preferido.
La liturgia, el ritmo, los rincones elegidos… eran los habituales, sin mayores licencias a la improvisación. Empezando por los hombros, siempre de arriba abajo. Brazos, pecho, estómago, lo que podía de espalda, muslos, pantorrillas, pies, terminando siempre por las manos. Mirada relámpago al espejo. La piel reluciente, chorreante, para otros ojos irresistible. Más dulce que de costumbre. Deliciosamente pringosa.
No más de cinco minutos. Era rápida y además, el timbre podía sonar en cualquier momento.
Un poco más tardó en elegir la ropa interior. Negra. No, mejor blanca. Roja tal vez. De encaje. No, mejor totalmente transparente. De rejilla, esa siempre le gustó. Cambio a última hora: esa de niña buena que tan buenos recuerdos le traía.
La cena a punto. De fácil elaboración pero muy pensada. Esto sí. Los sabores más deliciosos, las combinaciones siempre sorprendentes con las que ella le esperaba, su osadía hasta en la cocina, solía recordarle él. El vino, abundante. De un rojo vestido de magia. Las copas relucientes. Esperando su propia orgía que no tardaría en llegar.
No era la primera cita y sabía que no sería la última. Porque lo que vivían en aquel universo de sentidos era lo más parecido al paraíso. No necesitaban nada más. Les bastaba con mirarse, sonreírse, besarse primero, luego devorarse. En aquellos treinta metros cuadrados tenían todo lo que necesitaban para ser felices. Palabras seleccionadas para decirse al oído, brotando del alma, rubricando un deseo aplazado al segundo posterior. Caricias de esas que ponen el alma en vilo, si es que el alma permanece despierta en los momentos en los que la pasión gana.
Nunca me cansaré de noches como ésta, solía decir él mientras miraba con descaro esa piel tan llena de matices a la cual se acercaba cada vez más para respirar lo que él pensaba que era fragancia de vainilla.
Tardaba más de lo normal. Impaciente, ella se colocó el reloj de muñeca que tenía guardado en el cajón porque no le gustaba usarlo. Decía que no le hacía falta ponerse un reloj para llegar puntual a todos sus compromisos. Pero esta vez lo hizo.Se lo puso y se lo quitó otras catorce veces. Una por cada cinco minutos de retraso.
Se sentó a esperarle. Se levantó casi cuarenta veces. Se miró al espejo, se entretuvo como pudo sabiendo que nada le haría entretenerse. Miró de reojo a su teléfono móvil al que había subido el volumen del timbre para escucharlo desde cualquier lado de su casa, sabiendo que desde todos los sitios de aquella casa se escuchaba incluso con el volumen al mínimo.
Se quitó el brillo de labios de tanto mordérselos. Se lo volvió a poner. Se los volvió a morder.
La cena fría. El vino caliente. La piel pringosa que antes era de lujuria, ahora lo era de ridículo. El poder del tiempo, que todo lo transforma, todo lo cambia. Todo.
Sólo hubo un sms.
Fue dos semanas después.
Se me hizo tarde. ¿Nos vemos mañana?
martes, febrero 17, 2009
Otras cosas
Lo dijo Jorge Luis Borges:
lunes, febrero 16, 2009
Amigo
¿Cómo definir la amistad?
(Gracias, A. -A también de amigo-.
Por mucho más de lo que te imaginas)
viernes, febrero 13, 2009
jueves, febrero 12, 2009
Dudando
miércoles, febrero 11, 2009
Escepticismo
Te lo preguntaba hace apenas unos minutos, mientras te oía bostezar al otro lado del teléfono:
- ¿Crees que hay días en los que todo sale bien y otros en los que todo sale mal? Es que yo hoy he tenido uno de los segundos.
- En la mayoría de los días, hay cosas que salen mal y otras que salen bien. Me has contestado con esa lógica aplastante que de vez en cuando se te escapa por cada poro de tu piel.
Tiene gracia que hoy acabe el día contándole lo que me duelen las mentiras a la persona que más me ha mentido en mi vida.
Es curiosa la vida. Un círculo raro en el que entramos y salimos. En el que abrimos las puertas y las cerramos. En el que dejamos pasar y echamos casi sin darnos cuenta.
Y esta noche pienso que hay personas que siempre se quedarán en ese círculo raro que es nuestra vida. Que hay uniones que se mantienen más allá de la propia razón. Que es fácil entrar y en ocasiones... muy difícil, salir.
Que quizá (y sólo quizá) hay miradas que se hacen eternas.
Y me da por pensar en eso que llamamos amor, en mis últimos cuatro años y medio, en lo que me está pasando, en por qué me pasa, en cuándo me llegará la tranquilidad que me falta, en los ecos de "algún día", en ese contenta me tienes que nació en la dirección equivocada, en el cumpleaños feliz que hoy no he podido cantar, en desapariciones que no comprendo, en lo difícil que es todo... con lo fácil que podría serlo.
Al final, nos quedamos mi pantalla y yo. Frente a frente. En silencio.
Sin dejar de preguntarnos la una a la otra ¿por qué?
Perdonadme que un mal día... lo tiene cualquiera.
¿Juegas?
martes, febrero 10, 2009
domingo, febrero 08, 2009
Define vaca
Ejercicio de redacción escrito por un niño que se conserva en el Museo Pedagógico de París.
El tema propuesto era: Describir un mamífero o un ave.
"El pájaro del que voy a hablar es el búho. El búho no ve de día y de noche es más ciego que un topo. No sé gran bosa del búho, así que continuaré con otro animal que voy a alegir: la vaca.
La vaca es un mamífero. Tiene seis lados: el de la derecha, el de la izquierda, el de arriba y el de abajo. El de la parte de atrás tiene un rabo, del que cuelga la brocha. Con esta brocha se espantan las moscas para que no caigan en la leche. La cabeza sirve para que le salgan los cuernos y, además, porque la boca tiene que estar en alguna parte. Los cuernos son para combatir con ellos. La parte de abajo tiene la leche. Está equipada para que se la pueda ordeñar. Cuando se le ordeña, la leche viene y ya no para nunca. ¿Cómo se las arregla la vaca? Nunca he podido comprenderlo, pero cada vez sale con más abundancia.
El marido de la vaca es el buey. El buey no es mamífero. La vaca no come mucho, pero lo que come, lo come dos veces, así que ya tiene bastante. Cuando tiene hambre, muge, y cuando no dice nada es que está llena de hierba por dentro. Sus patas le llegan hasta el suelo. Las vacas tienen el olfato muy desarrollado, por lo que se le puede oler desde muy lejos. Por eso es por lo que el aire del campo es tan puro".



