"Todos los ciudadanos deben rezar cinco veces al dia. Si os encuentran haciendo otra cosa a la hora de rezar, seréis azotados.
Todos los hombres se dejarán crecer la barba. Quien no lo acate, será azotado.
Se prohíbe cantar.
Se prohíbe bailar.
Se prohíben los juegos de naipes, el ajedrez, los juegos de azar y las cometas.
Se prohíbe escribir libros, ver películas y pintar cuadros.
Si robáis, se os cortará la mano por la muñeca. Si volvéis a robar, se os cortará un pie.
(...)
Atención mujeres:
No mostraréis el rostro bajo ninguna circunstancia. Iréis cubiertas con el burka cuando salgáis a la calle. Si no lo hacéis, seréis azotadas.
Se prohíben los cosméticos.
Se prohíben las joyas.
No llevaréis ropa seductora.
No hablaréis a menos que os dirijan la palabra.
No miraréis a los hombres a los ojos.
No reiréis en público. Si lo hacéis, seréis azotadas.
No os pintaréis las uñas. Si lo hacéis, se os cortará un dedo.
Se prohíbe a las niñas asistir a la escuela. Todas las escuelas para niñas quedan clausuradas.
Se prohíbe trabajar a las mujeres.
Si os hallan culpables de adulterio, seréis lapidadas.
Escuchad. Escuchad atentamente. Obedeced.
(...)"
Es un fragmento de la inquietante novela "Mil soles espléndidos", de Khaled Hosseini, el autor de la más conocida "Cometas en el cielo", que se acaba de llevar al cine.
...
...

Me la estoy literalmente devorando. No puedo dejar de leer lo que ocurría (sigue ocurriendo, me temo) en Afganistán. No se trata de lo que allí pasaba hace cien años o doscientos. No.
El párrafo que he copiado resume la llegada de los talibanes en 1996. Como aquel que dice, hace cinco minutos.
Y de repente, entre el sufrimiento de las protagonistas de la novela, me doy cuenta de la suerte que tengo por ser mujer en un país de lo que se llama el mundo occidental. De la suerte que tengo por ser mujer en un país libre, donde valgo lo mismo que un hombre, y donde tengo los mismos derechos y las mismas obligaciones que un hombre. Por haber nacido en un lugar en el que mi padre se alegró por saber que su segunda hija también era niña.
Lo más tremendo, a propósito del párrafo, es que el libro cuenta cómo los habitantes de Afganistán en general, y de Kabul en particular, esperaban a los talibanes como los salvadores de la situación infernal que ya vivían antes. Lo que vino después, perfectamente descrito en "Mil soles espléndidos", fue humillante y desolador para tantas personas (mujeres pero también hombres) que, por los caprichos de la vida, nacieron en ese rincón del mapa.
Dura, triste, conmovedora, pero también con una buena dosis de esperanza y de personas con una gran fortaleza que intentan luchar con la situación que les ha tocado vivir sin dejarse vencer por el miedo. La ternura también está en medio de las guerras o de las situaciones más virulentas.
"Mil soles espléndidos". Lo recomiendo. Lectura obligada para conocer la tremenda realidad de un país a pocas horas de avión de nuestra casa. En pleno Siglo XXI.