
Mejor dicho, deliciosos días en blanco y negro.
...
¿De verdad... o de mentira?

Mejor dicho, deliciosos días en blanco y negro.
...
Hoy quería salir guapa a la calle.
Tocaba arreglarse.
He comenzado por rizarme las nostalgias, con cuidado para que no se mezclaran unas con otras.
Me he pintado las tristezas. De rojo pasión. Hoy mis besos saben a fresa.
Me he sombreado los recuerdos, los que no quiero olvidar.
He difuminado los otros; los recuerdos que más vale olvidar.
Me he peinado las cicatrices, esas que llegan al alma y parece que no cerrarán jamás.
Me he delineado tu sonrisa. Justo junto a la mía.
Me he perfumado con rayos de sol, el aroma de eso que llamas brillar.
He maquillado lo amargo de esa ausencia, tapando las ojeras a golpe de color.
Esta noche, cuando llegue a casa y decida quitarme esa espesa capa de pintura...
volveré a pensar en ti.
Y descubriré de nuevo todas las nostalgias, las tristezas, los recuerdos, las cicatrices, las sonrisas, los soles, y las ausencias.
Allí se quedan,
esta noche... agrupadas junto a la almohada.
Madrid es mi ciudad, la que me vio nacer (madrileña de tercera generación).
Aquí está mi casa, mi trabajo, mis amigos, mis afectos... Aquí está mi vida.
Reconozco que cada día me gusta más esta ciudad, a pesar de los atascos, de las distancias, de su agresividad, de su ritmo frenético...
Encuentro muchas más ventajas que incovenientes.
Pocos cielos como éste. Lo pensaba al despertarme esta mañana.
Mejor con nubes, mejor si amenaza tormenta, mejor después de la lluvia.
Lástima aquellos que no reparan en su cielo.
Creo que no me iría nunca de este trozo de tierra, o no demasiado lejos. O no demasiado tiempo.
Aquí estamos todos, hay sitio para todos.
Aquí cabemos todos.
Me gusta mi ciudad,
me gusta Madrid,
mi casa.
Disfrutaba hoy con una interesante exposición llamada "Sombras".
Disfrutaba de un maravilloso recorrido por Madrid en moto. "Es como vacaciones en Roma", gritaba a quien me dice, sin falta de picardía, que soy su mejor paquete.
Disfrutaba de ese apertivio de fresas con cava, preparado para la ocasión.
Disfrutaba de un sofisticado postre a base de helado de limón, pistachos y pimienta roja.
Disfrutaba de un maravilloso ático en Madrid con las nubes que amenazaban tormenta.
Disfrutaba una mujer al otro lado del cristal.
Una mujer valiente, mucho.
La misma que sabe que ha empezado 2009 con más luces que sombras.
Esa que olvidó todo cuanto le hizo daño, por mucho que haya quien se esfuerce en recordarle el dolor pasado.
Una mujer que quiere, que ama, que siente, que goza, que también llora.
Una persona que ya no tiene disfraces en su armario.
Una mujer que no deja de sonreír. Porque sabe que con su sonrisa se come el mundo.
Disfrutaba con los besos a media tarde.
Disfrutaba esa mujer con la calma, con las verdades, con la ausencia de rencores.
Con la libertad que da el no tener que recurrir a las mentiras.
Una mujer que se sabe ganadora.
Disfrutaba escribiendo en éste su espacio sagrado, que nadie es capaz de ensuciar.
Una mujer que quiere vivir tranquila y en paz.
Y que quiere que así la dejen.
Creo que no hacen falta más palabras.
Una mujer cualquiera.
Yo misma.
"Nos gusta estar juntos".
"Nos encanta dormir abrazados".
"Nos lo pasamos bien juntos".
"A los dos nos gusta hablar después".
"Nos fascina hacer el amor juntos".
"Nos gustamos".
"Nos queremos".
"Queremos saber el uno del otro".
"Nos deseamos".
A Rubita Feliz, cada una de estas frases le parecía una definición perfecta de eso de estar enamorados. No digamos todas juntas, pronunciadas dentro de la misma conversación, en apenas tres o cuatro minutos.
Rubita Feliz, en el mejor momento de su vida, aún no ha aprendido que quizá esté sobrevalorado eso de estar enamorado.
"Pero no estamos enamorados".
Gordito Disfrutón, tan locuaz él, no sabe lo que dice.
Creo que por diversos motivos, tampoco él ha aprendido lo que significa amar.
...
No lo iba buscando
... pero lo encontré.
En mi camino.
Así me ocurre últimamente.
Encuentro lo que no busco.
Puede que sea que haya dejado de buscar.
Tal vez.
Pueden ser tantas cosas.
Allí estaban estas imágenes.
En medio de un viaje de trabajo mientras los demás estábais de vacaciones.
Y estos días en los que la felicidad se cuela por cada rendija de esta casa (a pesar de que no puedo dejar de estornudar), pienso que una de las mejores cualidades que puede tener el ser humano es aceptar lo que le llega, saber disfrutar con lo que se encuentra en el camino (incluso con lo no buscado), gozar con los imprevistos, romper esquemas, sorpenderse a sí mismo.
Y en ello estoy.
Ni una tienda divertidísima llena de objetos para pasárselo bien ni un campo nevado.
Nada de eso buscaba.
Pero lo encontré.
Por supuesto, lo disfruté.
Y además, lo fotografié.
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JCM es un grandísimo fotógrafo. Además, es un buen amigo (mucho más importante lo segundo que lo primero).

Es noticia de periódico: En cada beso que damos consumimos 12 calorías.
Cuando damos un beso, nada menos que 36 músculos se ponen alerta. Y las pulsaciones de nuestro corazón aumentan de 6o a 100.
Lo más increíble de la noticia es, quizá, saber que el 10% de la población mundial, unos 650 millones de personas, no se besa nunca.
¡Qué triste!, añado.
Me encanta besar. Me gusta que me besen.
Es como el querer.
Me gusta querer. Disfruto sabiéndome querida.
¿Cómo no lo voy a buscar?
¿Cómo no lo voy a echar de menos
Pero los besos, como prácticamente todo en la vida, mejor si son bien dados.
Para besarse mal... mejor no besarse.
Nunca se me olvidará aquel sms que aún conservo: "Tú besas muy bien... pero es que te tengo enchufe".
Estoy tierna. Me lo noto.
Tal vez sea efecto de la primavera.
Quizá del último huracán que barrió con todas mis preocupaciones.
Qué tontería: Debe ser por los últimos besos.
Besos.
De colores.
De amor.
Antesala de las mejores pasiones.
Neurotransmisores cerebrales.
Uno de los mejores placeres vitales.
Y como hace mucho que no pregunto, hoy lo hago.
A ti, ¿cómo te gusta besar?
Me gusta cuando me dices,
cuando me tientas,
cuando me escuchas.
Me gustas cuando me miras sin darme cuenta,
cuando me robas suspiros,
cuando me compras un cielo para mí sola.
Me gusto cuando no espero,
no quiero
no (te) deseo.
Me gusta lo que dibujan tus ojos,
lo que dicen tus manos,
lo que respira tu boca.
Me gustas aunque no quiera,
y aunque no te quiera me gustas.
Me gustas no porque quiero
sino porque así me sale.
Me gusto entreteniéndote,
sumergiéndote en pozos sin final,
inventándome colores de fuego.
Me gusto también en calma,
transformada,
vivida,
siempre viviendo.
Me gusta el invierno en tu tejado,
el sol en tu ventana indiscreta.
Me gustan tus ojos de primavera
y, sobre todo, el otoño de tus deseos.
De esos que se caen a trozos,
de trayectoria perenne,
y de fecha que no caduca.
Me gustas cuando buceas en mi horizontal,
cuando me encuentras.
Me gustas en blanco y negro,
en el claroscuro de mi vida.
Me gusta cuando me gustas,
cuando me gusto, te gusto.
Amantes: Personas que se aman.
Amigos: Personas que se quieren.
Novios: Personas que se quieren y se aman.
Tú y yo: Nada de lo anterior. Todo de lo anterior. Locura. Sueño. Dos gotas de un mismo oceáno. Dos lágrimas del mismo cielo. Tú la miga y yo la corteza. Irrealidad. O no. Un no atreverse. Demasiado cerca. Deseo. Un círculo del que no sabemos dónde empieza y dónde acaba. Retales. Una media vuelta. Un no te vayas pero no te quedes. Un quédate ahora pero márchate mañana. Secretos. Piel. Verdades. También mentiras. Extraño. Te extraño. Cuando menos me lo espero. Sorpresas. Una cita pendiente. Fantasmas. Fuerza.
Tenemos que mirárnoslo.
Doctor, ¿qué nos pasa?
Hay días en los que ni yo misma sé qué hacer con tantos sentimientos, con mis intensidades, con mi forma de ver lo que tengo enfrente.
Hay días en los que no sé qué astros parece que se juntan para hacerme más yo. Para volver irremediablemente a mi esencia. Parece que la vida me tiene prohibido que me olvide de lo que el espejo me muestra cada mañana al levantarme.
Respiro profundo. Ante algunas palabras, ciertas personas, correos que aún no entiendo ni quiero entender, determinadas miradas...
"Lo nuestro es de psiquiatra".
No hay quien te entienda. No hay quien nos entienda.
Pero qué importa, a quién le importa.
Niños jugando a adultos, adultos convertidos en bebés.
La vida.
Sorpresas.
Ilusiones.
Decepciones.
Fuerza.
Caminos.
Cruces.
Palabras.
Sueños.
En aquel mar.
Dicen que el primer año de una relación es el más difícil. No estoy de acuerdo.
Regla número 1 de las amigas:
Jamás te fijes en el hombre que le gusta a una amiga tuya. Jamás.
Eso incluye no tontear, no querer ser protagonista, no tocarle, no ponerle caritas. No acosarle.
Ayer, sin quererlo, asistí perpleja a un acontecimiento de este tipo.
En ocasiones soy demasiado ácida con el género masculino, pero hoy no tengo más remedio que serlo con el femenino.
¿Dónde está la integridad?
Ser mujer incluye muchas cosas. Y últimamente veo actitudes que sin ningún género de dudas, son criticables.
Tengo asumido que ser mujer soltera en esta época es difícil. Si lo das todo, mal pero si te lo quedas, peor. Si vas muy rápido, eres algo ligera y si vas muy lento, una estrecha. Si esperas que te llamen, demasiado clásica. Si llamas tú, demasiado directa. Si haces que te importa, probablemente no consigas nada, pero si haces que no te importa, te estás haciendo la interesante.
Reconozco que andamos algo perdidas últimamente. En nuestra actitud con los hombres. Es malo generalizar, pero lo llevo viendo con bastante frecuencia, para qué negarlo. Pero el colmo es que una mujer intente quitarle el novio, ligue, futurible, presunta ilusión o lo que sea a su amiga. Teniendo amigas así, no es necesiario tener enemigas.
Me gustan mucho las mujeres firmes, las que saben lo que quieren y hasta dónde quieren llegar. Pero sobre todo, las que llegan a ese lugar sin pisar a otras mujeres, sin hacer daño a nadie, sin quedarse lo que no es suyo. Las que respetan a sus amigas y sobre todo se respetan a sí mismas.
La verdad es que estoy sorprendida. Hoy tengo la tarde escéptica en cuanto a relaciones se refiere (e incluyo todas). Y es que hay cosas que no me gustan...
Y además, no las tolero.
Este post nace del interesante debate que se ha creado en los comentarios del anterior. A raíz de la frase del rímel de la MacLaine, y de las lágrimas que conlleva el enamorarse de un hombre casado (valdría igual con una mujer casada), el tema es si enamorarse es un acto cien por cien involuntario.
¿Por qué nos enamoramos de personas comprometidas?
¿Por qué lo hacemos de personas que no nos convienen?
¿Sería eso evitable?
¿Ese amor surge porque la persona libre lo inicia o es realmente la persona comprometida la que primero lanza el anzuelo?
¿De verdad manda la cabeza sobre el corazón en cuestiones de enamoramientos?
Sin pensarlo demasiado, yo diría que enamorarse es un acto involuntario. Mejor dicho, enamorarse de determinadas personas. Hay veces que simplemente... ocurre, y ni tú misma sabes por qué. Y cuanto más esfuerzo pones en que no, antes acaba en un sí.
Quizá de ahí el enamorarnos de personas equivocadas. ¿A quién no le ha pasado?
Claro que si me paro a pensarlo, y a mis treintaymuchos, sé que para enamorarse bien también actúa la voluntad: la buena. Y que hay veces en que hay que fiarse de la buena voluntad, y poner nuestra cabeza en la balanza.
Ahora bien, enamorarse de personas casadas o comprometidas... No creo que se trate de robar, ni de quitar nada a nadie. Para empezar, creo que en este tipo de relaciones quien da el primer paso es, en la mayoría de los casos, la persona con relación que está dispuesta a comenzar una nueva. La persona libre se deja seducir por la ocupada... y ahí nace el problema. Y para terminar, creo que cuando una persona ocupada se fija en otra es porque su relación anterior está como mínimo, en la UVI.
Me enamoré una vez de un hombre que por aquel entonces estaba casado. Pero... ¡¡se estaba separando!! Reconozco que fue él quien se fijó en mí. A mí no me gustan los casados, más que nada... porque uso rímel todas las mañanas, después de haberme rizado las pestañas. Curiosamente, esa relación se convirtió en una de las más importantes de mi vida, con uno de los hombres que más perdura en mi piel.
Pero también quiero incorporar otro matiz: ¿Qué pasa cuando la persona comprometida lo esconde? Las personas somos libres de enamorarnos, incluso... de quienes nos mienten. No todos jugamos las mismas normas, está claro. Y la cobardía se instala en muchas pieles que no se atreven o no quieren reconocer sus verdades. La persona libre se enamora de quien cree también libre, quien ha jugado a engañar..., hasta que se descubre el pastel. ¿Dónde queda el acto involuntario de enamorarse del que hablábamos en las primeras líneas?
Así que, llegado a este punto, creo que cada persona nos enamoramos a nuestra manera, que no tiene porque ser la misma. Ni yo misma me enamoro de la misma forma de distintas personas. Y mi forma, tiene más que ver con el corazón que con la cabeza. No me vale eso de "enamórate de ese que te conviene". Tampoco "olvídate de él que no te conviene".
Pero ahora no quiero ni casados ni comprometidos a escondidas, ni engaños ni dificultades. Quiero amores fáciles. Totalmente voluntarios. Y sobre todo, libres.
Será que me estoy haciendo mayor.
...
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"Ojalá que la espera no desgaste mis sueños"
(Marily Monroe)

Había una vez una niña (bueno, para qué vamos a engañarnos... una mujer) a la que le gustaba mucho que le dijeran tequiero. Y mira tú por dónde, hoy había recibido tres tequieros. De dos amigos (sin más) y de una amiga (sin más). Por vías distintas: e-mail, de viva voz en medio de una carretera, y a través del teléfono.
Y mira tú por dónde, aquella niña (ya mujer) hoy se siente feliz.
Hay quien necesita fumar, beber, jugar, drogarse...
Cada cual con sus vicios, sus obsesiones, sus necesidades.
Ella necesita querer.
Y también sentirse querida,
saberse querida.
Hoy lo sabe así.
Y sonríe.
Divertida cena a dos bandas en un restaurante mexicano.
Había mucho de qué hablar.
Mucho que contar y también mucho que escuchar.
"No sabía que comieras tanto, R."
Y allí, entre enchiladas, tacos, totopos, quesadillas y frijoles... música en directo.
Se acercan tres mariachis por las mesas.
Los clientes les piden las canciones que quieren oír.
Mi compañero de cena me dice que elija yo.
Cuando me preguntan, no tengo ninguna duda:
"La media vuelta", por favor.
"Anda tía, cuéntame un cuento... Pero de los tuyos, ¿eh?"
Y me encanta, claro.
Siempre es igual: los imagino a toda velocidad, se los cuento de la mejor manera posible, y al llegar a casa los escribo haciendo todos los cambios que considero oportuno.
Y los guardo.
Para mí, es más fácil escribir con referencias a mi realidad. Y aunque siempre tiro de imaginación y fantasía, el origen de mis historias está casi siempre relacionado con las cosas que me pasan.
Y así empiezo a tirar del hilo...
Este cuento surgió de una maravillosa pregunta que le hizo la hija de un amigo mío a su papá. Me pareció sublime, con esa sensatez aplastante de muchas de las dudas que surgen en esas cabecitas de los cuatro o cinco años:
Papá, ¿por qué las mujeres tenemos mejor cara por la noche que recién levantadas?, preguntó la pequeña Lucía.
Cinco recién cumplidos. Pocos años y mucha curiosidad. La que cada instante le llevaba a hacerse las más inverosímiles preguntas. Y de paso, hacérselas al que pillara más a mano.
Hoy le había tocado a su padre.
Los segundos se hicieron eternos. No era fácil encontrar la respuesta que pudiera convencer a esa niña de mirada de océano.
Además, lo primero que le vino a la mente no era respuesta para su hija pequeña. A sus amigos les hubiera contestado que todo depende del hombre con el que esa mujer pase la noche. Respuesta invalidada. Había que buscar otra.
Tampoco era cuestión de incordiar al recién inaugurado espíritu femenino de la pequeña, así que la respuesta de la falta de maquillaje tampoco vería la luz. Demasiado cruel para una niña de cinco años que ya le había pedido a los Reyes Magos su primera caja de maquillaje, y que aunque aún escribía con torpeza, era capaz de dibujar perfectamente sus rasgos ante el espejo con esas pinturas color pastel.
Porque no han dormido bien. Era tan simple esta respuesta que también la rechazó. Sobre todo, por incredulidad. ¿Cómo decirle a quien es capaz de dormir durante más de doce horas seguidas que eso… acaba por desaparecer con los años?
A falta de respuestas, recurrió al requiebro al que todos los padres son expertos.
Pues yo te veo igual de bonita por las noches que por las mañanas. No sé por qué dices eso, Lucía.
Se quedó pensando. En cuanto se quedó solo y tuvo un minuto, cogió su móvil para llamar a su mejor amiga. 
Hola querida. Pregunta de urgencia: ¿Tú eres de las que piensan que las mujeres tenéis mejor cara por la tarde o por la noche que recién levantadas?
Pues claro... No es muy difícil darse cuenta.
La rotundidad y la rapidez en la respuesta de su amiga le dejó de piedra. Pero había encontrado la horma de su zapato.
Y, ¿tú sabrías decirme por qué?
Pues sí, sabría... Pero no pienso decírtelo. Oía reír a su amiga. No creo que sea bueno que los hombres conozcáis todos los secretos de las mujeres. Pero, ¿sabes una cosa? Hay mañanas en las que me despierto radiante, todo depende ya no te diría tanto de dónde he pasado la noche sino de con quién... y sobre todo (seguía riendo), cómo. Y mucho me temo que la huella de la pasión no dura eternamente en mi rostro. Así que... cambio la respuesta: depende del día.
Mejor dicho, de la noche.
Pues estoy contenta hoy.
Y es que hoy he sido capaz de enamorarme.
Ha sido breve, pero intenso.
Aproximadamente veinte segundos.
Total, ¿para qué quiero más?
De coche a coche.
Poco antes de las 10 de la mañana.
Allí parada, en el semáforo junto al Puente de Ventas.
Él me mira. Con descaro.
Yo le miro, claro. Hasta me quito las gafas de sol.
Creo que hasta le he sonreído.
Siempre he pensado que se liga mucho al volante.
Pero hay un problema de tiempo, es lo que tiene.
No hay nada perfecto.
Es un buen lugar para ligar... sin miedo a lo que viene después.
Porque no existe el después.
El semáforo se pone en verde, y cada cual... sigue su camino.
Pero esta mañana me he enamorado.
Y eso, en estos momentos, tiene mucho valor.
Por cierto, mañana volveré a estar en el mismo sitio... y a la misma hora.
Por si acaso.
"Perdono, pero no olvido".
Pocas veces escucho frases tan vacías como ésta.
Al menos, para mí, lo es.
Porque me cuesta demasiado trabajo comprender que alguien es capaz de perdonar sin olvidar.
Lo he dicho en alguna ocasión: el único camino directo al perdón es, para mí, el olvido.
No me sale a cuenta perdonar pero no olvidar.
Creo que al final, genera rencor.
Y estoy convencida de que el rencor es uno de los peores sentimientos que podemos tener.
Sale caro. Demasiado.
El rencor sólo trae dolor. Y ese sentimiento tan abominable que es el odio.
Se lo oía hoy a una compañera de trabajo.
"Perdono, pero no olvido".
No tenía yo ganas de polémicas recién inaugurada la tarde.
Pero lo tenía que soltar.
Y te ha tocado a ti, Verdadosa.
Las veces que he perdonado, he tratado de olvidar.
Y creo haberlo conseguido.
No di con otra fórmula.
No digo que sea lo mejor, pero es en lo que creo.
Lo que a mí me vale.
Primero olvido, luego perdono.
Son dos esfuerzos en uno solo.
Es un tema apasionante.
Quizá, demasiado difícil para resumirlo en unas cuantas líneas.
Pero me interesan vuestras opiniones.
¿Quién empieza?
Prefiero una bofetada a una mentira,
estar aburrida que estar triste.
Prefiero estar sola que mal acompañada,
prefiero que no me llames a que me utilices.
Prefiero sentir a no amar,
ser valiente mejor que cobarde,
arriesgarme antes que dejar pasar.
Lo dijo Jorge Luis Borges:
¿Cómo definir la amistad?
(Gracias, A. -A también de amigo-.
Por mucho más de lo que te imaginas)
Te lo preguntaba hace apenas unos minutos, mientras te oía bostezar al otro lado del teléfono:
- ¿Crees que hay días en los que todo sale bien y otros en los que todo sale mal? Es que yo hoy he tenido uno de los segundos.
- En la mayoría de los días, hay cosas que salen mal y otras que salen bien. Me has contestado con esa lógica aplastante que de vez en cuando se te escapa por cada poro de tu piel.
Tiene gracia que hoy acabe el día contándole lo que me duelen las mentiras a la persona que más me ha mentido en mi vida.
Es curiosa la vida. Un círculo raro en el que entramos y salimos. En el que abrimos las puertas y las cerramos. En el que dejamos pasar y echamos casi sin darnos cuenta.
Y esta noche pienso que hay personas que siempre se quedarán en ese círculo raro que es nuestra vida. Que hay uniones que se mantienen más allá de la propia razón. Que es fácil entrar y en ocasiones... muy difícil, salir.
Que quizá (y sólo quizá) hay miradas que se hacen eternas.
Y me da por pensar en eso que llamamos amor, en mis últimos cuatro años y medio, en lo que me está pasando, en por qué me pasa, en cuándo me llegará la tranquilidad que me falta, en los ecos de "algún día", en ese contenta me tienes que nació en la dirección equivocada, en el cumpleaños feliz que hoy no he podido cantar, en desapariciones que no comprendo, en lo difícil que es todo... con lo fácil que podría serlo.
Al final, nos quedamos mi pantalla y yo. Frente a frente. En silencio.
Sin dejar de preguntarnos la una a la otra ¿por qué?
Perdonadme que un mal día... lo tiene cualquiera.
Ejercicio de redacción escrito por un niño que se conserva en el Museo Pedagógico de París.
El tema propuesto era: Describir un mamífero o un ave.
"El pájaro del que voy a hablar es el búho. El búho no ve de día y de noche es más ciego que un topo. No sé gran bosa del búho, así que continuaré con otro animal que voy a alegir: la vaca.
La vaca es un mamífero. Tiene seis lados: el de la derecha, el de la izquierda, el de arriba y el de abajo. El de la parte de atrás tiene un rabo, del que cuelga la brocha. Con esta brocha se espantan las moscas para que no caigan en la leche. La cabeza sirve para que le salgan los cuernos y, además, porque la boca tiene que estar en alguna parte. Los cuernos son para combatir con ellos. La parte de abajo tiene la leche. Está equipada para que se la pueda ordeñar. Cuando se le ordeña, la leche viene y ya no para nunca. ¿Cómo se las arregla la vaca? Nunca he podido comprenderlo, pero cada vez sale con más abundancia.
El marido de la vaca es el buey. El buey no es mamífero. La vaca no come mucho, pero lo que come, lo come dos veces, así que ya tiene bastante. Cuando tiene hambre, muge, y cuando no dice nada es que está llena de hierba por dentro. Sus patas le llegan hasta el suelo. Las vacas tienen el olfato muy desarrollado, por lo que se le puede oler desde muy lejos. Por eso es por lo que el aire del campo es tan puro".
A riesgo de que me sigan llamando "investigadora de la realidad sexual de este país" (genial ese e-mail mañanero), hoy convierto en post el comentario que a la pregunta anterior dejó Xana: "¿Se pueden tener amigos con los que practiques sexo y no haya problemas?"
Para mí, es bastante complicado. Porque:
a) Tengo amigos con los que nunca pasará nada. Esos son amigos de verdad, de toda la vida. Que me da igual que sean hombres o mujeres, porque son eso... amigos. Y no quiero sexo con ellos. Quiero otras cosas.
b) Con los otros "amigos" con los que sí he cruzado esa barrera, seguramente quiera algo más que sexo. Una hora, un día, un mes, un año o una vida... pero querré algo más que el revolcón. Y ya se sabe, ahí empiezan a surgir los problemas.
Os toca...
Maravillosa cena a cuatro bandas de sólochicas. Hablamos de la vida y de la muerte, claro. Pero sobre todo, de hombres. De lo confundidas que nos tienen. De lo raros que son (sois). De que no hay dios que os entienda. De lo distintos que somos. De tantas cosas.
Hasta que sale el tema del sexo.
Una de mis amigas mantiene que lo que más nos diferencia es que ellos (vosotros) queréis/necesitáis más sexo que las mujeres. Más frecuencia, se entiende. Yo, y prometo que en esta ocasión no es por mi afán de llevar la contrario, digo que no estoy de acuerdo. Que todo depende de las circunstancias, del momento vital en el que estemos instalados, de si tenemos o no pareja, de nuestros propios gustos, de cada persona...
El resto del grupo está de acuerdo con la primera opinión.
Y yo... sigo estando en desacuerdo.
Por eso os pregunto, hombres y mujeres: ¿Creéis que los hombres necesitan, por regla general, más sexo que las mujeres?
Y no hablo de calidad, sino de cantidad.
Desde que soy soltera y vivo sola, los domingos son por lo general días de "comunidad", de atender a personas a las que no veo el resto de la semana, de encuentros familiares, de sonrisas infantiles, de cine con amigos...
Lo había avisado con tiempo y a los cuatro vientos: este domingo que nadie cuente conmigo. Quería el día. Para mí. Entero. Sin concesiones.
Y así ha sido.
Un absoluto placer.
Comenzó la mañana reposada. Despertándome sin despertador alguno, cuando mi cuerpo decidió que no quería más sueño. Rápido a la radio. Para escuchar con gusto esa voz conocida a la que soy capaz de pedirle si no un sueño, sí una canción. Mi nombre en las ondas. También mi localidad.
Primer sms del día, aún en la cama. Me avisan que nieva en Madrid. Aún lluvia tras mis cristales. Comparto algunos e-mails de ida y vuelta que me hacen agudizar el ingenio. Sonrío. Y me voy a la ducha mirando por los cristales. El paisaje se ha vuelto blanco. No podía ser mejor el domingo.
Pierdo el tiempo, cojo libros, sigo mirando cómo nieva, reviso el móvil una y otra vez leyendomensajes antiguos, letras recientes, paseo por este universo casero sin prisas, queriendo hacer tantas cosas... que prácticamente no hago ninguna.
Me espera Rafa Nadal. Me emociono ante su fortaleza tan de hombre, su personalidad tan de niño. Me encanta admirar a las personas. Y no tengo más remedio que quedarme atónita ante el juego que me ofrecen estos dos hombres, frente a frente, planteando mucho más que un deporte de pelota. Aplaudo al español en la soledad de mi casa. Se lo merece. Enhorabuena.
Después de comer, dedico tiempo a dos de mis grandes aficiones: lectura y cine. Elijo con cuidado la película. Hoy toca Isabel Coixet. Turno ahora para Paul Auster, quien debo decirlo, no me tiene nada cautivada con su última novela "Un hombre en la oscuridad". Reconozco la originalidad de la trama, pero me falta algo. Y es que llevo ya varias obras pensando que está algo sobrevalorado el americano. Al menos, en ésta su última etapa.
Me quedan muchas cosas por hacer y hace ya varias horas que ha anochedido. Me quedaría a vivir en este domingo. En un día en el que, aunque me faltan muchas cosas, he decidido fijarme en lo que tengo (que es mucho).
Me faltan horas, pero acabo contenta un domingo cualquiera que necesitaba para mí.
Además, hoy es noche de gala. De premios de cine español. Los sigo con atención..., que por algo mi empresa está nomida en una de las categorías con una de las películas que parte como preferida.
Acaba el domingo. Una última sorpresa, con fotografías y palabras que me llenan el alma.
Y pienso que esto se parece mucho a la felicidad.
Qué es la vida sino estos pequeños momentos.
Momentos... de un domingo cualquiera.
Demasiado corto.
Demasiado intenso.
Demasiado efímero.
Demasiado débil.
Demasiado irreal.
Algunas sensaciones,
algunos amores,
algunos besos,
algunos instantes,
algunas personas.
Este post.
Las canciones, como las poesías, como muchos posts, no siempre dicen verdades.
Pero en ocasiones, se acercan demasiado a ellas.
Cosas que me siguen gustando:
Escribir, el chocolate, besar, el mar, leer, hacer el amor, bailar, querer, sonreír, mi colonia de Narciso Rodríguez, el caviar, el olor de los libros recién estrenados, escuchar, dormir, el color rojo, los Minis, cocinar, la inteligencia, la luna, comer, las conversaciones sin hora de caducidad, las conversaciones horizontales, la sensibilidad, los abrazos, que me hagan la cena, los mimos, hablar con los ojos, compartir, regalarme a quien yo quiero, los besos en el cuello, conducir, cantar, los pantalones vaqueros, tú, los Ferrero, el silencio, ver llover, mi casa, brillar, enviar y recibir correos electrónicos, que cuando lo sientan me digan te quiero, ser libre, nadar, la magia, las plantas, la buena educación, los blogs, decir lo que siento, las verdades...
Es curioso esto del blog.

Me encanta conducir. Lo hago a diario. Y es en uno de los momentos en los que más tranquila me siento y más capacidad tengo para pensar. Aunque reconozco que es también una de las pocas situaciones en las que soy capaz de no pensar... absolutamente en nada (y mira que esto es difícil).
Hoy, de camino al trabajo, y mientras me evadía del atasco de turno, he encontrado las respuestas a la pregunta que me hacían el otro día.
Lo que quiero no es más que esto:
Ternura.
Tiempo.
Ganas.
Confianza.
Cariño.
Fidelidad (no sólo a la altura de la entrepierna).
Talento.
Pasión.
Prioridad.
Sensatez.
Calma.
Alegría.
Creo que no es mucho.
Ni poco.
Pero ahora mi verdadera dura es: ¿existe?
Acostumbrada como estaba a escucharte decir que mi piel era como tu piano, decidí convertirme en melodía.
Anda estos días la luna coqueta. Descaradamente hermosa. Sobrecogedora.
Desde la habitación de mi casa, no se ve la luna. Por eso llevo un par de días acercándome a la rotonda. Allí me quedo un buen rato. Dentro de mi coche. Observándola.
Y me maravillo.
Y sí, sueño.
Y recuerdo aquello que un día escribiste:
Da pena irse a la cama con una luna tan hermosa.
Lo pienso mientras levanto un culín de vino.
Contemplándola......
-Me quedaría toda la noche mirándote. Y echándote piropos.
La muy descarada baja y se baña en mi vaso.
Vuelve a subir.
La miro.
Apuro lo que me queda.
Me sabe a ella.
Levanto la vista y ahora ya no es una luna blanca, es una luna roja.
También tú me enseñaste que hay otros que se maravillan, como nosotros, con la luna:
La luna se puede tomar a cucharadas
o como una cápsula cada dos horas.
Es buena como hipnótico y sedante
y también alivia
a los que se han intoxicado de filosofía.
Un pedazo de luna en el bolsillo
es el mejor amuleto que la pata de conejo:
sirve para encontrar a quien se ama,
y para alejar a los médicos y las clínicas.
Se puede dar de postre a los niños
cuando no se han dormido,
y unas gotas de luna en los ojos de los ancianos
ayudan a bien morir.
Pon una hoja tierna de la luna
debajo de tu almohada
y mirarás lo que quieras ver.
Lleva siempre un frasquito del aire de la luna para
cuando te ahogues,
y dale la llave de la luna
a los presos y a los desencantados.
Para los condenados a muerte
y para los condenados a vida
no hay mejor estimulante que la luna
en dosis precisas y controladas.
Jaime Sabines
Un año sin Ángel González.
MUERTE EN EL OLVIDO
Yo sé que existo
porque tú me imaginas.
Soy alto porque tú me crees
alto, y limpio porque tú me miras
con buenos ojos,
con mirada limpia.
Tu pensamiento me hace
inteligente, y en tu sencilla
ternura, yo soy también sencillo
y bondadoso.
Pero si tú me olvidas
quedaré muerto sin que nadie
lo sepa. Verán viva
mi carne, pero será otro hombre
-oscuro, torpe, malo- el que la habita...
...
...
Quédate ahí. En medio de mis risas.
Sal de allí. Del silencio de mis dudas.
Búscate un hueco en el rincón de mis alegrías,
acomódate en la esquina de mis deseos.
Huye de la sombra de mis tristezas.
Aléjate de la resaca de mis incertidumbres.
Conquista todos los poros de mi cerebro
seduce a las neuronas de mi piel.
Respira la música de mis besos,
cómete el secreto de mis silencios.
Hazme el calor cuando hiele
y enfríame antes de que el fuego nos queme.
Sal de ahí.
Quédate aquí.
Tú sabes dónde.
Es noticia de portada.
Frente a guerras, aumento de paro, juicios varios y desgracias de todos los colores, el amor encuentra un hueco.
Una nueva visión, eso sí, de ese mágico sentimiento. Como dice la redactora, "el amor como un cóctel de neurotransmisores y mutaciones genéticas".
...
Y ahora que sabemos algo más, dime... ¿crees en el elixir bioquímico del amor?
Queridos Reyes Magos:
A continuación quiero recordarles la carta que les escribí el año pasado justo por estas fechas, también publicada en este mismo blog:
Queridos Reyes Magos:
Este año, cansada de pedir paz y armonía para el mundo, os voy a pedir algo para mí. Algo muy especial que me hace mucha ilusión. Un novio.
Bueno, ahora que me doy cuenta voy a matizar: un buen novio, que no sé si es lo mismo que un novio bueno.
Fijaos bien en lo que pido porque no quiero ni líos ni amantes ni amigos especiales ni rollos ni nada por el estilo. No. No quiero nada de eso. Quiero un novio, así, a la antigua usanza.
No sé cómo andáis de novios en vuestros almacenes. No sé si estarán agotados o si lo habrán pedido mucho este año. Me imagino que no. Últimamente, no veo yo a la gente con muchas ganas de compromiso, la verdad. Pero estoy segura que encontraréis alguno para mí.
Durante este año, en el que he sido muy buena, me he cansado de no buscarlo por otros cauces, digamos, más tradicionales. De ahí que me dirija a Sus Majestades, amigos desde mi infancia, que nunca me han defraudado y siempre han querido lo mejor para mí.
Sepan los tres que, esta noche, volveré a poner mis zapatos junto al árbol. No, mejor botas. Las más grandes que encuentre. Y ríanse ustedes como el resto del mundo cuando les cuento que, aún viviendo sola, sigo poniendo los zapatos debajo del árbol. Pero la fe que tengo en ustedes es tan grande que no me cuesta ningún esfuerzo. Claro que dada la petición de regalo para este año, no sé si las botas son un buen lugar para dejar un novio. Por eso les concedo una tregua de unos pocos meses, y me basta con que lo dejen en mi camino de la forma que Sus Majestades tengan a bien.
No soy excesivamente exigente, así que me fío de su buen gusto y criterio. No hacen falta credenciales ni cartas de recomendación. Sólo que esté dispuesto a ser feliz sin condiciones, a perder la cabeza por mí, a ser posible sin miedos de ningún tipo, y abierto a lo que la vida decida regalarnos.
Me dijeron que las rebajas de Enero eran otra buena oportunidad para encontrar lo que busco, pero he preferido remitirles a ustedes mi petición, con la certeza absoluta de que no me defraudarán.
El año que viene por estas fechas les contaré cómo se portaron en 2008. Y si fueron todo lo generosos que cabía esperar.
Atentamente. Siempre suya.
Pues bien, ha llegado el momento de hacer la carta de este año y creo que les debo hacer ciertas puntualizaciones:
1.- Ruego me digan si disponen de un departamento de quejas. En cualquier caso, envíenme urgentemente la Hoja de Reclamaciones.
2.- Conocer los motivos de por qué los "novios" que tuvieron a bien regalarme durante este año fueron del especímen conocido como losmásrarosdeMadrid (miren que no soy nada presuntuosa y me quedo en Madrid, pero bien podría haber dicho losmásrarosdelUniverso).
3.- Saber en qué se basaron para sus elecciones. Bueno, más que nada saber si me tenían (o me tienen) algún tipo de manía. No me canso de decirles que yo he sido muy buena...
4.- Quizá sea ésta una duda que ni Vds. puedan responder, pero me encantaría saber por qué todos, una vez que han dejado esa modalidad para la que fueron elegidos, vuelven a contarme lo mucho que les gusto pero lo mucho más que le gustan las demás.
Dicho lo cual, Majestades, casi que este año dejo la carta en blanco. Porque ya no sé si pedir un novio, una novia o un saco de carbón (sostenible, eso sí)...
Por nada querría que consideran esto como un ultimátum, pero permítanme que les diga que si este año se portan de la misma manera conmigo, me voy con el gordo de Papa Noel, que aunque me cae fatal, igual es más obendiente. Y visto lo rápido que pasa el tiempo, creo que no tendré tiempo de pedirle un novio, así que casi mejor que iré encargando un marido.
De todas formas, y por su seguridad (y por el futuro de los regalos de los niños de España), espero que a la segunda vaya la vencida.
Me quedo a su entera disposición para cualquier duda o sugerencia.
Afectuosamente.
No sé si por las críticas que había leído, por el cartel (demasiado pastel), por su largo metraje, o por el tema de la película, la verdad es que se me habían pasado las ganas de ir a verla.


...
...
(A quien me dijo esto, todas mis sonrisas. Y mi promesa de contentarme... cada día más)
...
...
(Gracias por la foto, C.)
1.- Alejarme de todo lo que me hizo daño en 2008.
2.- Quererme más.
3.- Querer un poquito menos a quien no se merece más.
4.- Sonreírme cada mañana al mirarme en el espejo.
5.- Seguir buscando... para al fin, encontrar.
6.- Ganar.
7.- No cometer los mismos errores que los de este año que hoy acabamos.
8.- Escribir más y mejor. Y a ser posible, algo serio.
9.- Volver a ser quien fui.
10.- Tener la capacidad de elegir, de decidir.
11.- Ser yo.
12.- Estar cerca de ti.
¡Feliz 2009!
Son días de regalos.
Días de libros.
Dice la contraportada que "Esas pequeñas cosas"es un regalo para esa persona excepcional cuya generosidad cambió las cosas. Para alguien que se merece un "gracias" muy especial".
De sencillas ilustraciones y frases que te hacen pensar, lo único malo es que te lo lees en dos paradas de autobús, pero yo sigo dándole vueltas porque desde el sábado encuentro nuevos matices.
Mis preferidas:
"Los que más ayudan son quienes se quedan cuando ha pasado el primer arrebato de compasión".
"Me vi reducida a la melancolía por la brutalidad de los demás. Tú me recogista, me sacudiste el polvo, me devolviste la seguridad y la esperanza".
"Gracias poe estar ahí cuando me embarqué en alguna idiotez... Y por quedarte a recoger los platos rotos sin decir ni una sola vez: ¡Te lo advertí!"
(Y ahora me voy a por "El Secreto" que es, a estas horas, lo único que me espera junto a la almohada).
...
...
Los amantes:
Ellos son dos por error que la noche corrige
...
Gracias LM por permitirme robarte horas de sueño para enseñarme a colgar vídeos como éste.
Pero sobre todo, gracias por ser el dueño de mis sueños.
"(...)
Ese mismo día, el 25 de Diciembre de 1971, mira tú por donde estabas llorando como una loca. Supongo que despistada sin saber muy bien qué hacías por aquí.
Hay días maravillosos".
37 años después, aún tengo dudas de qué hago por aquí.
Pero sé que en cada cosa que hago me dejo el corazón.
Y hoy, además, lo reparto entre todos los que continuáis mirando a la luna roja.
Hay días maravillosos, sí.
Y éste puede serlo.
"Si no fueras tan preguntona, serías perfecta".
Pero como la perfección no es un objetivo en mi vida ni algo en lo que crea ni tan siquiera le veo utilidad alguna, me sigo preguntando. Porque si no, no sería yo.
Y entonces, no te gustaría.
Tengo en estos días tantas preguntas y encuentro tan pocas respuestas que he decidido arrojar aquí alguna de ellas.
¿Por qué?
¿Por qué tanta falta de tiempo, tanto exceso de ganas?
¿Por qué tantas ausencias?
¿Por qué tus miedos, tus dudas?
Pero sobre todo, ¿a cuento de qué tanto silencio?
¿Qué significa echardemenos?
¿Es lo mismo echar de menos mis conversaciones que echarme de menos a mí?
¿Por qué últimamente todos vienen a contarme lo mismo?
¿De dónde saco ya la fuerza? ¿Y el valor?
¿Cómo decirte lo que pienso, sobre todo lo que siento?
¿Cómo lograr entenderte?
Preguntar no siempre es fácil. Es cierto que responder, en ocasiones tampoco.
Pero lo fundamental es poder hacerlo mirándose a los ojos.
Hablar.
Hablarse.
Sentirse.
Mucho mejor.
Ni hablar por hablar,
ni hablar sin escuchar
pero es cierto que hablando se entiende la gente.
Y yo, a ti, te entiendo mucho mejor cuando me hablas.
Sí, unas veces pregunto y siempre respondo.
Y no creo que si un día me diera por la perfección dejara de hacerlo.
Había comenzado a sonreír. Después de tanto tiempo en el que los ojos se le habían acostumbrado a un exceso de lágrimas.
Nunca había creído en los milagros, pero esta vez entendió que existe una diosa llamada fortuna y que por fin los dioses le concedieron un trato de favor.
Poco a poco, sin darse cuenta, fue abandonado los miedos, las incertidumbres. Se fue acostumbrando a sonreírse cada vez que se miraba en el espejo, a sonreírle al viento, a sonreírle a todos, hasta a su propia sombra.
Fue, primero, como un siroco; lo más parecido a una dulce ráfaga de viento de primavera. Más tarde cogió la fuerza de un huracán. Llevándose por delante desgastes y soledades. Las ojeras eran ahora de felicidad. De horas negadas al sueño en favor de eso que enseguida llamaron magia. Porque la magia existe y estaba más cerca de lo que creía. Tiempo de amaneceres infinitos, de secretos al oído, de tatuarse la piel, de corazones pintados en la pared, de cuentos con final feliz.
Pero lo que ella no sabía es que los huracanes acaban convirtiéndose en tornados. Más pronto de lo que quería y mucho más de lo que se hubiera imaginado, las fuerzas de la naturaleza se volvieron en su contra. Y otra vez sintió cómo la estructura que la sujetaba al suelo salía volando dejándola desnuda, asustada, patas arriba. Con miedo.
Otra vez.
Ahora sabe que los sueños, de vez en cuando, se cumplen.
Pero que las pesadillas no tardan en aparecer.
Y cada día al despertarse no quiere dejar de pensar cómo volver a que su sueño se haga realidad. Porque un tornado, al fin y al cabo, acaba desapareciendo.
Y tras la tormenta siempre llega la calma.
Al menos, eso dicen.