Abro mi correo y me encuentro con el siguiente mensaje:
"Hola.soy zita.una mujer irani en Madrid.casi siempre leo tu blog,yo no tengo blog en spañol,poedes scribir algo,sobre la situacion de mujer en iran,porfavor? Solo para sencibilizar a tus vizitantes.algo es algo.
Gracias: zita"
La foto es esta:

Lo primero que tengo que decir es que no conozco Irán, y no me gusta hablar de las cosas que no he visto con mis propios ojos.
Por mi profesión de periodista, he tenido la suerte de viajar con mucha frecuencia. Y me he movido por varios países musulmanes, incluso por lugares bastante integristas, de alguno de los cuales he tenido que salir corriendo al ver cómo las mujeres del grupo nos tiraban piedras cuando se daban cuenta de que les estábamos grabando, concretamente a mí, que era la única mujer del equipo. En cualquier caso, esto no deja de ser una anécdota y como tal lo tomo.
Pero no conozco Irán. Ni creo que pueda hablar con mucho conocimiento, más que por las noticias o comentarios que nos llegan de allí. Sin embargo, conozco a varios iraníes (residentes y admiradores apasionados del estilo de vida español), a los cuales los identifico con una gran sonrisa y que me han hablado muy bien de su país... a pesar de los pesares.
Por tanto, prefiero hablar de mis sentimientos al ver esa foto, Zita. Primero, no me gusta la violencia. Sea cual sea, venga de donde venga. No soporto que me levanten la voz, mucho menos que alguien utilice la violencia para conseguir sus objetivos. Ahí ya cae toda la razón.
Obviamente, no me gusta que la mujer esté oprimida. Mucho menos por parte de otras mujeres. Pero como todos sabemos, en ocasiones el machismo es fomentado por las propias mujeres.
Es difícil para una mujer occidental, totalmente independiente, entender ciertas aptitudes, costumbres y tradiciones que afectan sobre todo a las mujeres musulmanas. Aunque Irán está experimentando una cierta apertura, creo que las mujeres siguen teniendo muy difícil el acceso a determinadas carreras y a puestos de trabajo. Sin embargo, más del 50% de los universitarios de allí son mujeres.
A la mujer iraní siempre la hemos visto con su velo negro, el chador, pero no está ahí el problema. Al fin y al cabo, eso no deja de ser una costumbre. El problema es lo que tapa ese velo: sus ilusiones, su deseo por progresar, por dejarse ver, sus libertades, sus gustos... Muchas mujeres iraníes han tenido que huír de su país para vivir en libertad. Y eso ya es tremendo.
Añado unas palabras de la escritora
Rosa Regás, que conoce bien aquel país ya que hasta allí viajó en varias ocasiones para documentarse bien para una de sus novelas:
"Tras el velo, pues, se esconde la creencia de que en la mujer hay algo pecaminoso que hay que ocultar, una debilidad, cuanto menos, que hay que reordenar, proteger, guiar. De ahí el gesto de humildad tan bien visto, de sumisión, de aceptación de un destino impuesto como si se tratara de un ser humano de segunda categoría. Y, sin embargo, las mujeres islámicas defienden el chador como un elemento que les permite acceder a una igualdad que de otro modo no tendrían en el trabajo, y los hombres que se preocupan de este asunto dicen que en la mezquita, en el cine, las mujeres han de estar separadas de los hombres para preservar su privacidad".Ese velo negro es hoy más que un símbolo. Hay quien ve en él una barrera, otros un muro infranqueable, una costumbre incómoda, un retroceso, una imposición, un suplicio... En cualquier caso, es una pena que haya que llevarlo por obligación.
Y ahora Zita, si quieres decirnos tú cuál es la situación a día de hoy de las mujeres en tu país...
Gracias por permitirme haberos conocido un poco mejor.